Foto: Jorge Landín |
Los diez mil espectadores que ayer llenaban Pasarón, como no se recordaba desde la visita de la selección española en septiembre del 2012, hacían olvidar que se estaba en una terreno neutral. Tanto, que hasta la afición viguesa, entonó con el 2-0 a favor el «Que bote, que bote Balaidos» Los cánticos eran los de siempre, pero la tensión sobre el terreno de juego la de un partido de liga. El entrenador del Celta, Berizzo, empezaba a entrar en calor y ya no aguantaba la sudadera, a pesar de la temperatura al borde de la medianoche.
Las ocasiones de la primera parte iban echando más abono al derbi. Y tanto Fabricio, por el Deportivo, como Krohn Dehli, por el Celta, se encararon con las aficiones rivales por un balón que pidieron a los fondos tras dos lanzamientos fallidos. Hubo que entrar en la segunda parte para escuchar la Rianxeira. Se resistió con el primer gol de Nolito para el Celta, pero cuando en el 73 llegó el de Larrivey, el Fondo Sur se unió bajo el cántico, que se extendía por el resto de gradas celestes. La seguridad privada del estadio tuvo que contener la euforia viguesa tras la portería de Sergio. El amistoso ya era pasado, ahora se jugaba un derbi sin puntos, un ensayo serio al partido que se vivirá en Vigo en la quinta jornada de Liga.
Con el final del partido, los equipos recordaron con gestos que el partido era amistoso, pero las aficiones más enfervorecidas pedían paso para saltar al campo. Fue necesaria la intervención policial para evitar que la tensión saltase de grada. El ejercicio de contención fue difícil, pero tras el incidente, el Celta, ganador de un derbi sin puntos, pudo meterse al vestuario con el trofeo bajo el brazo.
Nieves D. Amil / La Voz de Galicia
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